La sirena y el jubilado de Élmer Mendoza: Retrato de la política mexicana

Por Carlos Jáuregui

“Quien entra a la política, debe saber que hay chingadazos”.

Patricio Martínez García

El valor literario de la obra narrativa de Élmer Mendoza (Culiacán, 1949), así como su impresionante trayectoria, no están a discusión. Por décadas, el escritor culichi nos ha entregado un cuadro auténtico de la sociedad mexicana con precisión quirúrgica y con lo que a nuestro juicio es su dominante cualidad: el “renovar la novela policiaca desde el lenguaje” (Bernardo Fernández, BEF).  

Por mucho tiempo Mendoza ha fungido lúcidamente como precursor máximo de la escuela literaria policiaca del norte del país, la cual engendró una camada de autores contemporáneos de la talla de Eduardo Antonio Parra, Vicente Alfonso y Carlos René Padilla, entre otros. Mucho de la novela policiaca o novela negra, mal llamada “narcoliteratura”, se lo debemos a ese autor que dejó la ingeniería para convertirse en escritor.

Para nadie es novedad que involucrarse dentro del juego político en México acarrea un riesgo mayor al de simplemente ganar o perder una elección; ejemplos sobran de lo que implica el meterse dentro del lodazal político. El acierto del autor es que, en medio de elecciones compradas, políticos corruptos, lideres sindicales coludidos y carteles entrometidos, nos entrega una historia con alto valor de redención y de lealtad; muy distinta a la versión barata de exaltación del crimen que tanto venden las series televisivas y los narcocorridos.   

En “La sirena y el jubilado”, Mendoza da descanso a su protagonista favorito: el detective Edgar “el Zurdo” Mendieta –obvio alter ego del escritor, desde sus iniciales “EM”– para introducirnos a una historia tan cotidiana como alarmante en la actual política: una joven candidata a diputada independiente con un pasado reservado sufre un atentado en su primer mitin político, a un mes de las elecciones en Sinaloa. Convaleciente, sin el respaldo de su partido y sin más apoyo que el de un grupo de mujeres encausadas en su lucha, encuentra refugio en el más improbable de los héroes, un guardia de seguridad jubilado.

Ajeno a toda actividad política y convivencia social, el viudo y retirado Néstor del Valle se topa con la disyuntiva de mantenerse aislado dentro su monótono universo o cuidar la espalda de la candidata Carmen Larrañaga; de salir del retiro para jugarse la vida por una completa desconocida –quizá la hija que nunca tuvo– en un país y en un mundo en donde él ya no tiene juego ni cabida. El recuerdo de su mujer le obliga a no omitirse por una causa que parece más que infructuosa, mortal.

¿Cómo entrarle a un juego en el cual todas las reglas están truqueadas?

“Tendremos que jugar fuerte. Más le vale a la pinche Carmen no doblarse, y menos quebrarse; es horrible que en nuestro país los inteligentes se inclinen ante los mediocres. Si continuamos así, seremos una nación bien pendeja”.

En párrafos anteriores justo condenábamos el mal usado término de narcoliteratura, que parece agremiar todo y meterlo dentro de un mismo saco; puesto que ello significaría reducir la grandeza del lenguaje y la calidad narrativa de Mendoza a ello; es innegable que, en las últimas décadas y gobiernos, el narco se ha intercalado en la sociedad mexicana y en cada uno de los procesos políticos. Sin pecar de presuntuoso ni erudito, el texto de Mendoza se lee con una ligereza y voz rítmica y fluida.

En una narración trepidante, colmada de actualidad como obliga el género –pandemias, feminicidios, Ley Olimpia, machismo, protestas, síndicos y políticos corruptos–, con cambios de voz narrativa de primera a tercera persona y con canjes de focalización, introduciendo inclusive a una especie de narrador testigo que acompaña durante toda la acción; Mendoza, con dominio de la novela negra o policiaca –al más puro estilo de Dürrenmatt o Vian–, no da respiro alguno al lector y le presta la voz a los distintos personajes para envolver las escenas del relato: entonces acompañamos al sicario, a la amante, a la víctima, la vidente y al testigo, dentro de una misma escena que se desenvuelve al mismo tiempo.

El autor culichi solo detiene el vertiginoso ritmo para incorporar anacronías en forma de recuerdos y dar pausas de introspección, citando a Rilke, Whitman y Eco, entre otros. El Jubilado es la voz de la razón; Carmen, la luchadora; el candidato Vega Fernández, es el némesis en quien converge toda la podredumbre de nuestro sistema de gobierno. Mendoza, a través de las distintas voces protagonistas, acusa el estado actual de la sociedad; sus vicios y sus retrocesos; el asco y los improperios de quienes gobiernan el estado; y lo hace con un certero dibujo de lo actual, sin caer en el exhibicionismo o la exaltación: 

“Sin embargo, conocer a Carmen Larrañaga, ver el maltrato que recibió, custodiarla después del atentado, escuchar sus ideas y conocer algo de su historia me hizo pensar en que somos parte de una sociedad imperfecta y nos corresponde hacer cosas y correr algunos riesgos… cuando se es viejo, la vida tiene poco de inesperado, como que es un guion que se repite infinitamente. Me gusta animarme todos los días con versos de Walt Whitman”.

Mendoza disecciona la novela en breves cortes secuenciales con el talento de guionista: nueve escenas son suficientes para acompañar el recorrido de la protagonista: Carmen Larrañaga –la Sirena–, joven idealista de hermosa voz, quien con verdadera vocación y experiencia de primera mano en lo que significa ser mujer en México, se lanza como candidata independiente en Culiacán, Sinaloa. Ella vivirá en carne propia lo que la línea en el país dicta en cuanto a política: “plata o plomo”.

Su improvisado equipo de campaña es tan suigéneris como inexperto y tendrá que confiar su vida en un grupo de vetustos vigilantes llamados los Aguijones, cuyas mejores épocas ya han pasado, pero todavía tienen fuerza suficiente para arremeter contra el corrupto enemigo y quienes prefieren irse echando tiros que agazapados en la seguridad de la jubilación.

Carmen –apodada la Sirena debido a la belleza de su voz, en referencia al mito de la Odisea– debe continuar su la campaña electoral desde fuera de su propio territorio, en constante movimiento, escondida y resguardada por su improvisado equipo de guardaespaldas, mientras a la par del recorrido, Mendoza con maestría nos presenta a todos los involucrados en el juego: el corrupto candidato oficial el partido gobernante, sus amantes y videntes, los sicarios y los malosos quienes ultimadamente decidirán quien participa y quien debe ser eliminado.  Mendoza, a través de saltos temporales y escenas duplicadas, nos muestra aquello que se mueve tras bambalinas: sobornos políticos, acuerdos, atentados en plena ciudad y citas clandestinas que deciden el futuro no solo de los involucrados, sino de un país. 

Carmen –arrastrando las dolencias y el terror del atentado sufrido– apoyada por un séquito de vecinas, mujeres serranas y los Aguijones no claudicará hasta aparecer en las boletas electorales y tendrá que enfrentarse a todo un sistema.

La novela y trama en sí es muy ligera y nada complicada; la realidad del valor en la narración de Mendoza es la familiaridad con la que domina su entorno natal, la facilidad de lenguaje y la convicción en la naturaleza de los personajes; con diálogos y secuencias propias del género y de un avezado guionista. El autor entrega un certero dibujo del México actual, sin caer en el exhibicionismo o la exaltación: 

“A veces pienso que no sólo nos cierran el paso a las mujeres porque no ha llegado nuestro tiempo, sino por un sentido de acaparamiento en el que no estamos contempladas… tengo que ser una mujer de mi tiempo, como decía mi abuela, una representante de verdad. ¿Por qué es tan difícil ser lo que una quiere sin que haya un varón de por medio al que se deba convencer?”.

Si algo hubiese que reprocharle al experimentado narrador, sería quizá la facilidad en que algunos de los personajes secundarios –cuya existencia es indispensable para la recarga narrativa–, recaen en ciertos clichés y estereotipos: como ejemplo, el dibujo del Siete, líder del cartel: bigotón, malencarado, altanero y mal hablado. Esto no se traduce en detrimento de la línea narrativa, sino que únicamente aporta un juego de arquetipos en donde claramente, el bueno es bueno y el malo es malo; y más que acusar la unidimensionalidad de algunos de estos personajes, sino que, en partes, nos deja anhelando un desarrollo más extenso de su propia sub-historia. 

Por poner un ejemplo de ello, el pasado de los Aguijones parece quedarse corto en su reencuentro; y sin duda, el atractivo personaje de Laila Comondú –adivina y amante del candidato oficial Vega Fernández–, se antojaba para mucho más peso en el relato:    

“En una mansión amueblada con gusto y cuadros originales en las paredes, Alfonso Camarena bebe Buchanan’s Deluxe con hielo, escucha una conferencia del presidente donde dice que están acabando con la violencia, que primero los pobres, que se acabó la corrupción, que van requetebién [guiño velado evidente al gobierno actual], que el nuevo sistema de salud es como el de Alemania y que no son iguales a los conservadores que gobernaron antes”.

La Sirena y el jubilado” es una lectura obligatoria en la narrativa mexicana para todo aquel que busque una historia policiaca o thriller bien contado, que quiera empaparse del verdadero teje y maneje en la política actual mexicana; sobre todo, de dar razón y entender cómo es que funciona nuestra inoperante democracia, en sitios donde gobernadores, presidentes municipales y lideres sindicales autoimpuestos, se transforman en señores feudales de la noche a la mañana.  

Quienes aquí se atreven a enfrentarse al sistema –Carmen como candidata y Néstor de Valle como el encargado de su seguridad–, sobreviven apenas a una batalla contra enemigos que los superan en número y en poder, bajo un juego electoral truqueado; el mensaje final del autor es esperanzador y loable –no rendirse jamás–; pero la tragedia en la narración de Mendoza, es que, al librar la batalla, les espera un camino aun más espinoso.

“…Carmen recibe abrazos. Se vuelve a Del Valle, que la mira desde la puerta. Debes olvidarte de tu jubilación. Néstor afirma sutilmente, dispuesto a morir en la raya. ¿Hay diferencia con otras formas de morir?”.

La valía de un Nobel de Literatura

Por Carlos Jáuregui

“La grandeza no es igual que la popularidad. De hecho, podría ser lo contrario. Los grandes libros muchas veces no son los libros que lees por placer”. (A. O. Scott)

La entrega del premio Nobel de Literatura siempre ha tenido sus matices, a lo largo de la historia, nunca ha estado exento de sospechas, ataques y detractores. Es de esperarse cuando el reconocimiento recae en la voluntad de solo 18 miembros de una misma nacionalidad, que deciden año con año a quien condecorar. Desde su creación, la organización ha sorteado fuertes ataques de sospecha de sesgo respecto a sus elegidos: demasiados autores blancos, europeos, hombres, autores de culto.

El contraargumento usual ha sido que la Academia “no galardona grandes libros, sino grandes autores”, lo cual nos deja en la misma posición de sospecha: ¿entonces se considera el volumen de obra, el impacto en las masas, la originalidad en el estilo, la personalidad e influencia del autor? Imposible mantener una sola línea o graduación cuando todo el mundo intenta meter mano y opinar al respecto.

¿Tiene hoy la misma importancia el Nobel en Literatura que antes?

El controversial año 2016 en donde la Academia Sueca pasó de largo la enorme oportunidad de laurear en vida al norteamericano Philip Roth (autor de culto y masas, con más de 30 novelas y receptor de prácticamente todos los reconocimientos literarios, inclusive ganándolos dos o tres veces) para entregar el premio al extrañado Bob Dylan, hace pensar si los miembros del Comité han empezado a soltar su ampulosa línea de élite para salvar seguidores y nombre. Varios galardonados en la última década llevan la carga no de inmerecidos, sino de sospechosos.

Pero enigmas y teorías conspiratorias de lado, la lista de los laureados del Nobel al menos siempre garantizará una buena lectura. Personalmente Fosse no me convenció, pero Krasznahorkai y Kang compensaron. 

Confieso que no había leído nada de Abdulrazak Gurnah (ganador en el 2021) con anterioridad, pero había recibido muy buenos comentarios, específicamente de su libro La vida, después. Gurnah (nacido en Zanzíbar en 1948, de origen yemení) cuyo primer idioma es el suajili, escribe con una fuerte carga de auto-ficción, desde la óptica del alienado, rememorando un recorrido vital propio con una prosa sencilla y una temática de constante búsqueda de identidad en sus personajes –entendible en su condición de africano exiliado–. 

Theft en su idioma original y el cual sin llegar a entenderse el por qué se tradujo al español –cual vil largometraje– como Un largo camino” narra la historia de tres jóvenes (Badar, Karim y Fauzia) cuyas vidas al este de África se entrelazan desde la adolescencia hasta la edad adulta. Bajo una narración lineal y omnisciente, pero intercambiando el foco hacia cada uno de los personajes, el autor narra con una carga vital los retos de estos tres personajes que, bajo sus propias condiciones, se limitan al sobrevivir a los tiempos cambiantes de los años 90s, bajo las secuelas de la revolución y los regímenes autoritarios. Se agradece que en Theft la violencia del conflicto histórico pase a un segundo plano y no se perciba, opacada por el drama familiar que ya es suficiente; es un respiro a la actual tendencia victimista e insistente de la narrativa. La lectura es sencilla y el único punto a considerar que le pondríamos al texto de Gurnah es la resolución; luego de extenderse de forma tan completa en el desarrollo de personajes, se lee algo apurado el cierre.

Theft se resume en un velado triángulo amoroso que pareciera no clausurarse; los tres personajes se conocen desde los once años, pero será a lo largo de dos décadas que sus vidas se reacomoden y rompan. La historia es muy humana y los personajes de Gurnah son tan imperfectos, al grado de causar encono al lector por verlos actuar de manera tan real, pasiva y en contraria a su voluntad. Gurnah dibuja elocuentemente una sociedad que pareciera de otros tiempos –incluso siendo África, a inicios de los 90s–, en donde el destino y el pasado delimita los caminos de vida. Mientras las grandes ciudades (Zanzíbar y Dar es Salaam) se van abriendo al turismo y a la tecnología, su sociedad parece estancada en valores y creencias retrógradas, en donde ser mujer soltera es un mal augurio y en donde la máxima del éxito es tener un hijo médico.  

Theft, no es una novela histórica ni política, sino una historia de amor con una trama universal: una novela romántica y de crecimiento o “coming of age”. Los tres personajes principales constantemente se debaten entre el deber ser, la escalera social y la avasallante presión social y religiosa que, como en todo país creyente, más que ayudar, obstaculiza (por algo la revista norteamericana Science Advances, afirmó que el enriquecimiento de los países va de la mano a su secularización; cuanto más desciende el índice de religiosidad, más aumenta el PIB).

El común denominador a lo largo de Theft, es la familia y los pecados pasados que los persiguen. Badar, sin siquiera conocer a su legítimo padre, está marcado de por vida debido a su padre ladrón, lo que condena al adolescente a pagar deudas sociales y terminar de sirviente en casa de Karim, quien, por sus propios fantasmas, lo adopta como hermano menor. Karim, desconociendo su pasado, lo formará como hombre de bien, lo llevará a vivir con él a la ciudad y lo acompañará hasta que Fauzia –esposa de Karim– entra en la ecuación.

De ahí, los tres parecen ser arrastrados por una fuerza invisible y empujados por un determinismo cultural insalvable que les impide la redención. Entonces la historia se torna universal y común (el propósito de vida, la identidad propia y el tedio emergen en sus vidas): Fauzia está estancada en un matrimonio monótono y con depresión postparto; Karim sufre una crisis existencial al momento en que crece en el mundo laboral y una coqueta británica irrumpe en escena; Badar está cansado de que la gente le pase por encima: 

“Estaba harto de esperar pacientemente, de estar a merced de accidentes y del destino, de ser tratado de inocente e ignorante; de estar al pendiente y al llamado de las necesidades de otros, de ver el mundo a través de una computadora. Quería poder viajar con propiedad, poder tener sus bolsos llenos, tener su potencial a la vista de todos, poder decir lo que quisiera. En cambio, pasaría otra noche en un catre dentro de una oficina, cubierto por una manta que resistiera a los mosquitos”.

Dentro de la narración de Gurnah, aún con tanto material, nos es difícil encontrar un antagonista o villano (entre tradición que funciona a modo de maldición más que valor, padres que chantajean a sus hijos, infinidad de descendencia no deseada, mujeres abandonadas y traiciones al por mayor), el autor simplemente refiere a lo que es vivir –estamos arraigados a nuestro entorno–: los personajes no superan el resquemor de haber sido un protectorado británico por tanto tiempo, su condición de “sirvientes”, su falta de movimiento social y su circunstancia. Todos actúan conforme a su supervivencia, sin resolver su pasado y traumas.

Badar, el personaje central más desarrollado, gravita a lo largo de su vida entre la escasez, el tedio y la resiliencia, bajo su condición de paria, cumpliendo cabalmente con lo que se le pide y evitando responder a todos aquellos que le pasan por encima. En el episodio más determinante –su rompimiento con Karim–, muestra lo que finalmente representa la madurez:

“Badar se levantó nuevamente e hizo una breve pausa en la puerta del departamento por un instante, como si fuera a enunciar algo, pero sin decir una palabra. Salió antes de que Karim pudiera reprenderlo nuevamente. Después pensó, he aprendido a resistir”.

Lo verdaderamente valioso de la obra, son estos momentos e imágenes que Gurnah –ya que el autor emigró de muy joven al Reino Unido– plasma a lo largo del relato, los cuales son un evidente recuerdo que atesora en su memoria y que nos dan un respiro en las tragedias que están por acaecer: las conversaciones amistosas entre Badar y Juma, el anciano jardinero de la casa donde trabaja como sirviente –y personaje guía muy del estilo de Attticus Finch de “Matar a un ruiseñor”–, su descripción de la parte rural, la delicada apreciación de artefactos simples pero preciosos (tan inalcanzables como un viejo radio o una larga tarde), son cosa aparte:

“Recordó, pero no le mencionó que Thabit tenía un radio transistor Sony que su hijo había encontrado en la basura de un barco carguero que había llegado y descargaba en el puerto; o eso había contado. Nadie en realidad creía esa historia, que alguien hubiera tirado un radio a la basura. Thabit no permitía a nadie tocara su radio, pero accedía de buena gana a encenderlo y a dejar que la gente se reuniera a escuchar las noticias o los resultados del futbol, y siempre lo encendía cuando alguien lo solicitaba”.

Gurnah emplea a Badar para ilustrar el alto costo y el significado de romper los patrones de una sociedad apremiantemente conservadora, prejuiciosa y atávica (desde la identidad hasta el enamoramiento y la pérdida), en un recorrido cuyo principal motor es el encontrar tu lugar en el mundo.

“Ella con el tiempo dejó de limpiar sus lágrimas a la par que él crecía, y le dijo que debía cargar con el lastre de la vida sin quejarse. Eso era lo que todo el mundo debía hacer…  él solo sabía que su padre no era su padre, y que le temía. Pero todos los niños temen a sus padres y él no sabía si su miedo era distinto al de los otros”.

Gurnah cumple cabalmente la promesa de llegar al destino esperado y cerrar el círculo; sin ser sorpresivo, pero tampoco monótono, y luego de tanto, da un respiro de esperanza aun cuando no existe una redención per se y la historia de los personajes se repite:

“Con pesar se dijo a sí mismo: una vez sirviente, siempre un sirviente. Pero él ya no se sentía así. Empezó a sentir que, de cierto modo, pertenecía ahí, con ellos”.

La búsqueda de identidad de Ferráez

Por Carlos Jáuregui

“Nunca vas a olvidar esa tarde de agosto.

Tenías catorce años ibas a terminar la secundaria.”

José Emilio Pacheco

La literatura mexicana tuvo en José Emilio Pacheco a uno de sus mejores exponentes en cuanto al paso de la niñez a la adolescencia, y el mexicano Carlos Ferráez (CDMX, 1990), busca en su obra seguir con esa línea a través del viaje de autodescubrimiento. Dentro de Mapas inútiles, Ferráez nos presenta a un adolescente quien, apoyado del recuerdo y en un recién descubierto entendimiento adulto, intenta resolver el misterio familiar para dar con el paradero de su padre biológico, a quien no conoce. Dicha búsqueda se traslada desde la Ciudad de México hasta la playa de Miramar en Tampico, entre personajes pintorescos, desencuentros amorosos y supersticiones alienígenas.  

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El sueño como redentor de la realidad

Por Carlos Jáuregui

“Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta”.

Jung

¿Qué pasaría si los sueños irrumpieran la realidad y la controlaran?   ¿Confeccionaríamos mundos perfectos o nuestro inconsciente se encargaría de manifestar lo más obscuro de nosotros?

Esto es lo que explora Diego Cristian Saldaña (MX, 1990) en Tiene la noche un árbol a través de dos historias que, con líneas narrativas distintas, entregan a dos personajes opuestos con una línea en común y una misma cualidad: la capacidad de manifestar aquello que sueñan y llevarlo a la realidad. 

Al utilizar el recurso de los sueños lúcidos –ese fenómeno inasible bajo el cual, quien sueña, ya sea por azar o por ejercicio cognitivo alcanza consciencia de aquello que está soñando– el autor mexicano nos entrega un mundo salpicado de surrealismo, de referencias artísticas, de imágenes poéticas y de mucha introspección a través de una narración que se pregunta todo y raya en lo microscópica.

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Efímera eternidad

Por Guillem Borrero

Título: Efímera

Autor: Bruno Montané Krebs

Editorial: Contrabando Ediciones

Lugar y fecha de publicación: Valencia, 2022

¿Por qué Efímera? ¿Por ser una novelita de menos de 100 páginas? ¿Porque la vida misma es efímera? Sea como sea, Bruno Montané Krebs ha escrito una novela efímera y perdurable que encapsula tres años cruciales en la vida de un joven con muchos pájaros en la cabeza: estamos ante una muy peculiar bildungsroman en miniatura empapada de una belleza extraña – o de una bella extrañeza- que se nos abalanza encima desde la poderosa portada (una semilla o vagina que se abre mostrando un mundo auroral o crepuscular) y que no la abandona hasta su última y tremenda frase:

Mientras la noche se sumergía en su colosal y oscuro cuenco, pensé que aquellos gritos jamás acabarían.

La protagoniza un tal Félix, joven poeta centroamericano que se embarca hacia un país del sur del continente americano con el único propósito de ver cosas distintas a la que ha vivido hasta entonces. A su llegada, por influencia del amigo de un influyente tío suyo, no tarda en establecer contacto con la élite del país y empieza a codearse con escritores que le brindarán las primeras -y precarias- oportunidades para malvivir de las letras a base de arenques y cerveza tibia. Abundan los cocteles y las fiestas con ínfulas patéticamente europeas -lo que lo liga con algunos cuentos de Monterroso-, pero tampoco faltan visitas a marginales barriadas en compañía de un doctor altruista ni cuartuchos húmedos en los que atruena el vecino cuarto de máquinas de una imprenta. Y de alguna manera, nuestro triste héroe, a golpe de tinta y una ilusión a prueba de desencanto, crece: pronto Félix se las arregla para lograr publicar un libro de poemas al que titula Índigo. Bonito nombre. Solo terminada la lectura un servidor se da cuenta. ¿Qué es índigo? Para los que no están familiarizados con la paleta de colores, índigo es un tono de azul. Azul. No es precisamente desconocido aquel poeta nicaragüense que publicó un libro ya mítico con ese nombre: Azul. ¿Félix es Rubén Darío? Félix Rubén Darío Sarmiento, se llamaba. Bruno Montané confiesa haber leído por encima una autobiografía y haberse basado en algunos de sus versos para recrear imaginativamente -sin afán de veracidad- los episodios narrados en Efímera. ¿Un consejo? Mejor leerla obviando este dato.

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¿Quién es mi padre?

Por Guillem Borrero

Título: Mi padre alemán

Autor: Ricardo Dudda

Editorial: Libros del asteroide

Lugar y fecha de publicación: Barcelona, 2023

Si, como sostiene Javier Cercas en su ensayo El punto ciego, toda novela orbita alrededor de una pregunta a la que nunca se logra responder satisfactoriamente, tal vez pueda parecer que la cuestión que late enterrada en cada una de las páginas de Mi padre alemán (Libros del asteroide, 2023), de Ricardo Dudda, sea: ¿quién es mi padre? Sin embargo, algo deducible leyendo el mero título sería sospechosamente simple. De modo que lo que acaso permanezca oculto en la narración, pero dándole fuerza y coherencia tanto a la escritura como al empeño de la lectura, no es tan evidente ni tan fácilmente consignado en las pocas palabras de esa cuestión que tan a la ligera da el asunto por zanjado. Resultado de -supongamos- el punto verdaderamente ciego y de momento velado en la novela: la movilización del interés del lector sin saber muy bien por qué sigue leyendo.

Ricardo Dudda arranca el libro contándonos el aparente origen del libro: de niño solía utilizar las anécdotas de su padre (nacido en la extinta Prusia en 1940) para confeccionar algunos trabajos de la escuela, pero llegó un día en que a sus manos fueron a parar documentos familiares que ponían en duda y completaban las lagunas de la versión que el padre daba sobre la familia. El libro es el resultado. Y no es precisamente una hagiografía, acepta o confiesa el autor.

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(No) todos somos Leopold Bloom

Por Carlos Jáuregui

¡Iniciamos el 2024!

Todo el mundo al gimnasio y a terminar con los vicios y malos hábitos.

Si como resolución de año nuevo, eres de esos pocos valientes que por primera –o quizá por quinta vez– han decidido por fin terminar el Ulises, les recomendamos ampliamente apoyarse en la titánica ayuda que Todos somos Leopold Bloom. Razones para (no) leer el Ulises del español Eduardo Lago (Madrid, 1954) provee. 

Poco se puede añadir con respecto a la gigantesca novela de Joyce, considerada por la crítica como la mejor en inglés del Siglo XX y la cual en el 2022 cumplió el centenario de su publicación. Sobra referirse a tantos enigmas que la envuelven y basta con repetir (a modo de advertencia) lo que Carl Jung solía decir de ella: “el texto produce en el lector un irritante sentimiento de inferioridad”.

Hay muy pocos libros –dejando de lado su propio valor literario– que tienen el señorío para distanciarse y cerrar la puerta de golpe a todo aquel que se dice lector y consume thrillers y novedades insulsas. De todos ellos, el Ulises es sin duda el barómetro que determina el tipo de lector que eres. 

La mayoría de la gente que gusta de los libros tiene con el Ulises la misma relación que con una bacteria o con la dark web: saben que existe, pero jamás la han visto; otro gran porcentaje –liberalmente auto referido como lector– sabe más o menos de qué va y hasta quizá sus ochocientas o mil páginas (dependiendo la edición) adornen su librero, reprochándole la derrota de no haberlo terminado o peor aún, de ni siquiera haberlo intentado. Y es que de todos aquellos que dicen haber leído el Ulises hay que creerles a dos, como máximo.

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Jon Fosse, novelista

Por Alejandro Espinosa Fuentes

Es probable que muchos se hayan quedado perplejos después de que la Academia Sueca anunciara el Premio Nobel de Literatura 2023. ¿Quién es Jon Fosse?, se preguntó la mayoría, ¿de dónde salió? Es cierto que algunas de sus obras de teatro han sido traducidas y representadas en países de habla hispana, pero su obra narrativa, por lo menos en México, es prácticamente desconocida.

Hace unos años, mientras paseaba por la Feria del libro de Madrid, me acerqué al local de Noruega, quizá debido a mi interés por la obra de Knut Hamsun, y un librero de lo más amable me recomendó leer inmediatamente a dos autores: Per Petterson y Jon Fosse. De este último, el amable librero me dijo que era como una mezcla del cine de Bergman y la obra de Samuel Beckett. Como buen acumulador de libros, me llevé un ejemplar de la novela Trilogía, la dejé empolvándose en mi librero y, la verdad, me olvidé de su existencia.

Convenientemente, después del anuncio del Nobel, busqué ese olvidado libro con la intención de hojearlo, o quizá solo para quejarme de si merecía o no el más importante galardón literario. Pero en vez de leer un par de páginas y abandonar el libro por ahí, me quedé tan hipnotizado desde la primera línea que no lo volví a cerrar hasta que terminé la lectura.

Trilogía es una novela extraña, renovadora, con un mundo muy particular y un estilo de escritura insólito. Sus protagonistas, Asle y Alida son una pareja de adolescentes que deambulan por las calles noruegas en busca de un sitio para refugiarse del frío otoñal. Alida está embarazada y, desde la muerte de la madre de Asle, todo el mundo les ha dado la espalda. Desahuciados, vagabundean por un pequeño pueblo al norte de Noruega con la intención de llegar a Bjørgvin, la segunda ciudad más grande del país, donde Asle espera encontrar trabajo como violinista.

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LOS MEJORES 9.4 LIBROS DE 2023

¡De acuerdo! ¡Nos confesamos! No terminamos de leer completo el primer volumen del llamado «acontecimiento literario del año», Los comienzos del genio italiano Antonio Moresco, de quien se dice que escribió esta colosal novela de más de 3000 páginas a mano, sentado en la taza del wc, y fue rechazado durante 35 años por todas las editoriales que existen antes de consolidarse como un clásico moderno que le ha valido merecidas comparaciones con autores de la talla de Joyce, Proust o Cartarescu. Pero el 0.4 que llevamos leído de su novela nos pareció suificiente para incluirla en nuestro listado del año.

De acuerdo, de acuerdo, los siguientes libros que aparecen en nuestro listado sí tuvimos la fortuna (o el tiempo) de leerlos en su totalidad y son una amena selección de propuestas narrativas o poéticas que nos interesaron por su estilo, arriesgado e incoformista, el cual conjunta el caprichoso gusto de nuestros colaboradores y quizá deja de lado algunas novedades bestsellerosas (perdónenos los fanáticos de Stephen King…)

Hay que reconocer que hubo grandes libros que leímos en 2023, pero que luego nos dimos cuenta que habían sido editados el año anterior o que , debido a tardías traducciones o cambios editoriales, serán reeditados en 2024, éste es el caso de Elizabeth Finch de Julian Barnes, Ojos de caballo de Henry Trujillo (reedición del décimo aniversario), Cabalgar un unicornio en la playa de Enrique Carro, Pensión de animales de Pablo Silva Olazábal, Mundo anclado de Alejandro Espinosa Fuentes (que será publicada en México en 2024) y la que para muchos es la gran novela de 2023, The House of Doors del novelista malasio Tan Twan Eng.

Por otro lado, en nuestra revista tenemos en cuenta que estamos afincados entre México y España por lo que muchas de nuestras propuestas de lectura priviegian las propuestas editoriales no corporativas para visibilizar autores más allá de sus fronteras (perdón Alfaguara, Planeta y Anagrama pero este año se pasaron con sus premios fraudulentos que poco sirven para abrir el panorama narrativo y convierten la literatura en un mero intercambio de favores nepotistas).

Debemos confesar que también dejamos de lado excelentes libros porque no hubo un concenso claro entre nuestros colaboradores para incluirlos en este listado, pero no podemos dejar de mencionar la nueva novela de Patricio Pron, La naturaleza secreta de las cosas de este mundo, la cual un colaborador amante de los títulos largos (no diremos quién) se aferró en incluir, pero el diseñador le dijo que no tenía cabida en el diseño final (perdón Patricio Pron).

Y, por último, pero no menos importante -aunque es verdad que esto de los números regresivos para calificar al mejor o al peor es una autética tontería hablando de obras de arte (pero aprendimos mal de Nick Hornby con su obsesión por los top 5), es claro que el autor del año no puede ser otro que el merecidísimo Premio Nobel de Literatura, Jon Fosse, a quien nadie conocía cuando le dieron el premio pero que, en cuanto lo leímos, celebramos airadamente porque por fin parece que lo ha recibido alguien que, más allá de la política, es un escritor magistral… Además, se parece mucho a Santa Claus, ¡y estamos en tiempos navideños!

Lo relevante de la minucia provincial

Por Carlos Jáuregui

Hoy, mientras que las modas más socorridas son las de fotografiar lugares icónicos, llenar hojas del pasaporte y el apropiarse de cualquier elemento cultural extranjero, el mexicano Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) en Ábaco de Granizo (Ediciones Era, 2022) vuelve hacia su propia historia para retomar lo que verdaderamente es México, y reconstruye su pueblo natal de Ahualulco de Mercado, dentro de un florido mosaico formado de recuerdos y de leyendas.

Sin requerir agregar nada adicional a su virtuosa trayectoria como poeta y ensayista (Premio de Poesía Aguascalientes 1992, Premio Mazatlán de Literatura 2019, Premio Bellas Artes de Ensayo Literario 2013, Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2021, entre muchos otros), Lumbreras se sumerge en un ejercicio nemotécnico para mostrarnos sus humildes orígenes, colmado de leyenda, de familias venidas a menos y de monumentos opacos y olvidados.

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¡No lean a David Toscana, nunca!

Por Carlos Jáuregui

En una breve y eufórica reseña a La ciudad que el diablo se llevó (Candaya, 2020) de David Toscana en http://www.goodreads.com, Guillermo Jiménez suplicaba, con fervor, que no leyeran al premiado autor neoleonés: “No lean a David Toscana. La verdad es que no lo merecen. Que nos lo dejen a nosotros, a los bastardos, a los miserables…”[1], prorrumpe en un enunciado quizá algo desproporcionado, pero entendible desde la licencia poética. Lo implora con el celo de quien se guarda la canica más preciada en el patio del colegio. Y algo tiene de razón puesto que cada entrega de Toscana ciertamente es un objeto valioso. 

Dentro de Olegaroy (Alfaguara, 2018) –novela acreedora del premio Xavier Villaurrutia en ese mismo año–, el escritor mexicano mantiene la línea narrativa en la que insiste a través de toda su obra: sencillamente el ¿qué es estar en el mundo? y el tratar de lidiar con ello; el ¿qué hacemos aquí? pero todo ello a través de seguir el recorrido que hace Olegaroy a lo Forrest Gump, en donde este robusto e insomne personaje es la fuente originaria de las más antiguas máximas filosóficas como la inexistencia del alma, la redundancia dentro del padrenuestro, la intrascendencia de la filosofía y la incapacidad de alcance de la palabra, bajo el humor socarrón y negro característico de Toscana:

“Olegaroy pensó en las artes literarias. Si el propósito era crear emociones a través de la palabra imaginada, una obra maestra sería llamarle a una señora para decirle que su hijo fue arrollado; o un patrón avisarle a su empleado que le triplicaba el sueldo.” 

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La certeza desde la claridad

Por Carlos Jáuregui

La claridad - Editorial Páginas de Espuma

Autor: Marcelo Luján

Título: La claridad

Editorial y año: Páginas de espuma, 2021

En tiempos rebasados por discursos cambiantes e industrias plagadas de intrascendentes one hit wonders, siempre reconforta el tener alguna certeza literaria. La sexta edición (2021) del Premio Ribera del Duero nos entrega una constante y un ejemplo de curaduría y cuidado de textos; como antes ya lo había refrendado en años pasados, con la obra ganadora del mexicano Antonio Ortuño, La vaga ambición.

El ganador del presente año, Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), nos entrega en su obra seis relatos breves pero potentes, en los cuales destacan dos características principales: por un lado, una muy particular voz narrativa, contada desde un narrador que, como pitonisa, advierte y participa en el desenlace trágico e inevitable de sus personajes; y en otros, una primera voz homodiegética que nos arrastra a un lodazal de miedos y recuerdos fantásticos.  

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Conoce a tu enemigo

Por Miguel Blasco

Autora: Ana Wiener

Título: Valle inquietante

Editorial: Libros del asteroide, 2021

Se podría leer Valle inquietante de Anna Wiener como la historia de una chica que logra salir —más o menos indemne— de una de las más peligrosas y destructivas sectas que existen en la actualidad: Silicon Valley. Silicon Valley a partir del 2010 y en adelante, momento en el cual surge la burbuja tecnológica y los fondos de capital de riesgo se ponen a despilfarrar dinero en startups y en toda aquella empresa que pretenda petarlo diseñando la app de moda. (Algunas triunfaron: Uber, Airbnb, Tinder, JustEast, etc., otras se perdieron en ese valle de lágrimas).

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El paraíso perdido de Fernanda Melchor

POR CARLOS JÁUREGUI

TÍTULO: PÁRADAIS

AUTORA: FERNANDA MELCHOR

EDITORIAL Y AÑO: RANDOM HOUSE, 2021

Sorprende que, en la última novela de la autora veracruzana de moda, la tensión se descubra pasando la página setenta, ya bien entrada en la lectura; y que la línea narrativa utilizada en sus obras anteriores (como Aquí no es Miami y Temporada de Huracanes) se repita a tal grado que deje una sensación amarga de deja vu.

Paradais: Melchor, Fernanda: Amazon.com.mx: Libros

En Páradais (2021) Fernanda Melchor insiste en presentarnos todas las formas de violencia (verbal, psicológica, de género y sexual) que convergen dentro de dos familias dispares en un elegante conjunto residencial de su natal estado.

Dentro de la misma burbuja que es Páradais, en donde se mezclan pero no interactúan entre sí los que están para mandar y los que están para servir –como es tan común en México–, la soledad y la desidia juntan a Polo y a Franco Andrade, quienes maquilan un plan fallido para paliar sus respectivas condiciones de pobre y virgen de un solo golpe: el primero, un adolescente sin futuro, abusado por todos y condenado a repetir la historia criminal familiar y el segundo, un millenial inútil cuya única función en el mundo parecería ser el respirar y el masturbarse con la imagen de la vecina. El ejercicio social de Melchor es válido, pero queda muy corto en cuanto a trama y complejidad.   

A raíz de presentarnos en Temporada de Huracanes un cuadro tan trágico y atinado del México actual, tan plagado de vicios, de violencia y clasismo, la autora se convirtió de la noche a la mañana en la voz femenina por excelencia que exhibió la actualidad horrenda de un país que está roto: una sociedad tan deshilada y opuesta en los extremos, que difícilmente se podría pensar como una misma.

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